Ibarretxe, candidato
Se anunció en el Alderdi Eguna: Juan José Ibarretxe volverá a ser el candidato del PNV para las próximas elecciones autonómicas, según señaló el presidente del EBB, Iñigo Urkullu. Aunque había razones fundadas para pensar que los jeltzales podían estar buscando un recambio que intentara reflejar el inicio de un nuevo ciclo político, finalmente han optado por renovar la apuesta en vigor desde 1998. Ésta, como todas, tiene ventajas pero también supone asumir riesgos. El lehendakari es, sin duda, el principal activo electoral del PNV, y el único cuya candidatura obliga a Eusko Alkartasuna a volver a la coalición de 2001 y 2005. Incluso entre sus propios votantes, Unai Ziarreta y los suyos carecen de un aspirante alternativo que pueda hacer sombra a Ibarretxe. Tendrán que unir su suerte, de nuevo, a la de la formación de la que se escindieron en 1986, y lo harán dando marcha atrás en su publicitada apuesta por consolidarse como proyecto autónomo, haciendo hincapié para justificarse tanto en el valor político de la figura del candidato como en la ya manida excepcionalidad del momento. En definitiva, intentarán tapar sus carencias estructurales con grandes proclamas. Pero la coalición no sólo suma. Muchos votantes del PNV consideran a EA un partido desleal y sobrerrepresentado que se mueve únicamente por el provecho propio, como probarían algunas de sus actuaciones después de las pasadas elecciones municipales. Se duda, además, de que ésa sea la compañía adecuada para un partido que quiera presentarse a los comicios como eje de la centralidad política vasca. Dejando al margen estos inconvenientes, entre los riesgos de la candidatura dada a conocer en Foronda se citan el desgaste producido por diez años de acción gubernamental, sobre todo tras la fallida gestión de la Ley de Consulta; o la hipoteca que puede suponer en el abanico que los resultados electorales abrirán en la política de alianzas. Lo que queda claro es que la continuidad de Ibarretxe garantiza una línea de actuación muy determinada. Hombre de convicciones muy arraigadas, parece imposible que se avenga a un cambio de agenda política. El PNV tendrá que construir en torno a él un proyecto para las próximas elecciones que sea capaz de movilizar al potencial electorado de la coalición, desde premisas de realismo pero también de ilusión por el futuro. Esa será la clave que incline la balanza.
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